lunes, 17 de febrero de 2014

Porque en la cueva del dragón también hay alcantarillas...



No nos gustaría huir de los que han resultado ser de nuestra familia, pero no nos comprenderían. Nuestra primera escaramuza finalizó de la peor manera posible. El desenlace resultó ser del todo inesperado. Sin embargo, el Maestro hizo un buen trabajo con nosotros. Seguimos en pie, aprovechando los recovecos y el amparo de la noche para golpear duro y luego perdernos. Al menos, siempre habrá una cloaca cerca que sirva de escape a los que transitan por los caminos del Hortal.


Eramos cuatro más. Nada nos diferenciaba del resto del equipo. Unos quelonios sin más meta que plasmar negro sobre blanco el devenir de nuestro equipo. Agitados por el aliento de aquellos con los que nos damos cabezazos cada semana, emprendimos este relato. Una narración de todo aquello que sucedía por la villa de Hortaleza. Aun sabiendo que el sabor de nuestras mieles resultan paradójicamente agrias para ciertos paladares avinagrados, nos proponemos perpetuar el legado que nos instaron a iniciar.
No será desde las cómodas butacas que nos ofrecieron, sino desde la seguridad y la discreción de las cloacas. Será en esos sucios y fríos sumideros del Hortal, desde los que intentaremos aportar nuestra vigilante labor en pos de la salvaguarda de nuestros hermanos y de los colores que tan bien nos han acogido, y por los cuales lidiaremos hasta el final.

Por ello, si tienes interés por conocer desde otra perspectiva cómo baten las alas los dragones del oval madrileño, éste puede ser tu cuaderno virtual. A través de esta bitácora no solo podrás estar al tanto de todo lo deportivo que sucede en el pasto artificial que recoge nuestras caídas y alegrías, sino también de aquello que allende Cantarranas ocurre por éste, nuestro mundo ovalado.

Leonardo
Raphael
Michelangelo
Donatello

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